
Let’s start with a little refresher. Last week I invited you to read paragraphs 1-23 in Pope Leo’s papal encyclical “Dilexi Te” (if you haven’t’ been able to start reading it, feel free to Google “Dilexi Te” and you can find the papal encyclical on the Vatican website in several different languages). In paragraph 20 of “Dilexi Te”, Pope Leo reflected on Jesus’ poverty both at the beginning of his life and throughout his ministry. Today, I would like to reflect on how poverty was also a significant part of Jesus’ final moments on the cross.
A scripture passage that has been extremely influential in my life and my journey to the priesthood is John 19:25-27. The Lord has invited me to spend countless hours with just those three verses. It is a bit of a wellspring for me. When I am lost in prayer, when I don’t know what to pray for, when I have a deep longing for God but don’t know what to do with the longing, I know I can begin my prayer or center my prayer with this scripture passage. John 19:25-27 says, “Standing by the cross of Jesus were his mother and his mother’s sister, Mary the wife of Clopas, and Mary of Magdala.
When Jesus saw his mother and the disciple there whom he loved, he said to his mother, “Woman, behold, your son.” Then, he said to the disciple, “Behold, your mother.” And from that hour the disciple took her into his home.”
John 19:25-27 is a passage filled with poverty. Jesus is literally in a state of poverty stripped of every worldly possession on the cross. Mary, Jesus’ mother, is in a state of poverty as she is losing her son. Jesus, in his poverty on the cross, is not focused on himself but on others. He is outwardly oriented. Jesus makes sure that Mary, his mother, has a home to stay in and is taken care of when he dies. And Mary, in her state of poverty, receives.
This encounter on the cross is an authentic encounter with poverty, and it orients us as a church. If Jesus, who is rich beyond measure, embraces poverty at every moment and stage of his life, and even continues to give from his poverty in his very last moments on the cross, what does that mean for us? Pope Leo answers part of this question in paragraphs 24-48. I invite you to read paragraphs 24-48 of “Dilexi Te” this week, and next week I look forward to diving deeper into the part of the answer that Pope Leo addresses in paragraphs 24-48.
Reflexión sobre la encíclica papal “Dilexi Te” del Papa León
Comencemos con un pequeño repaso. La semana pasada te invité a leer los párrafos 1-23 de la encíclica papal «Dilexi Te» del Papa León (puedes buscar «Dilexi Te» en Google y encontrarás la encíclica papal en la página web del Vaticano en varios idiomas si aún no ha podido empezar a leerla). En el párrafo 20 de «Dilexi Te», el Papa León reflexionaba sobre la pobreza de Jesús tanto al comienzo de su vida como a lo largo de su ministerio. Hoy me gustaría reflexionar sobre cómo la pobreza también fue una parte importante de los últimos momentos de Jesús en la cruz.
Un pasaje de las escrituras que ha tenido una gran influencia en mi vida y en mi camino hacia el sacerdocio es Juan 19: 25-27. El Señor me ha invitado a pasar innumerables horas con solo esos tres versículos. Es una especie de manantial para mí. Cuando me siento perdido en la oración, cuando no sé por qué rezar, cuando siento un profundo anhelo por Dios pero no sé qué hacer con ese anhelo, sé que puedo comenzar mi oración o centrarla en este pasaje de las Escrituras. Juan 19: 25-27 dice: «Cerca de la cruz de Jesús estaba su madre, con María, la hermana de su madre, esposa de Cleofás, y María de Magdala. Jesús, al ver a la Madre y junto a ella al discípulo que más quería, dijo a la Madre: ‘Mujer, ahí tienes a tu hijo. Después dijo al discípulo: ‘Ahí tienes a tu madre. Y desde aquel momento el discípulo se la llevó a su casa.»
Juan 19:25-27 es un pasaje lleno de pobreza. Jesús se encuentra literalmente en un estado de pobreza, despojado de todas sus posesiones terrenales en la cruz. María, la madre de Jesús, se encuentra en un estado de pobreza al perder a su hijo. Jesús, en su pobreza en la cruz, no se centra en sí mismo, sino en los demás. Está orientado hacia el exterior. Jesús se asegura de que María, su madre, tenga un hogar donde quedarse y sea cuidada cuando él muera. Y María, en su estado de pobreza, recibe.
Este encuentro en la cruz es un auténtico encuentro con la pobreza, y nos orienta como Iglesia. Si Jesús, que es inmensamente rico, abraza la pobreza en cada momento y etapa de su vida, e incluso sigue dando desde su pobreza en sus últimos momentos en la cruz, ¿qué significa eso para nosotros? El papa León responde a parte de esta pregunta en los párrafos 24-48. Te invito a leer los párrafos 24-48 de «Dilexi Te» esta semana, y la próxima semana espero profundizar en la parte de la respuesta que el Papa León aborda en los párrafos 24-48.