
One of the mysteries of our faith that I continually reflect on in prayer is God’s choice to become poor and remain poor. Why? What does this mean? What does this mean for me as a Christian? Pope Leo reflects on Jesus’ poverty both at the beginning of his life and throughout his ministry in paragraph 20 of Dilexi Te ”. He says, There are some clues about Jesus ’ social status. First of all, he worked as a craftsman or carpenter, téktōn (Mk 6:3). These were people who earned their living by manual labor. Not owning land, they were considered inferior to farmers. When the baby Jesus was presented in the Temple by Joseph and Mary, his parents offered a pair of turtledoves or pigeons (cf. Lk 2:22 22-24), which according to the prescriptions of the Book of Leviticus (cf. 12:8) was the offering of the poor. A fairly significant episode in the Gospel tells us how Jesus, together with his disciples, gathered heads of grain to eat as they passed through the fields (cf Mk 2:23 23-28). Only the poor were allowed to do this gleaning in the fields He is, in fact, an itinerant teacher, whose poverty and precariousness are signs of his bond with the Father. They are also conditions for those who wish to follow him on the path of discipleship. In this way, the renunciation of goods, riches and worldly securities becomes a visible sign of entrusting oneself to God and his providence.”
This week I invite you to read “Dilexi Te” from paragraphs 1-23, focusing especially on paragraphs 18-23. The 23 paragraphs are about 7 pages long. Read a little bit each day in prayer or sit down for 20 20-30 minutes to read and reflect on the 23 paragraphs. Next week, I will dive deeper into what this poverty of Jesus means for us as faithful missionary disciples.
Let’s end in prayer. Thank you, Lord, for becoming poor so that we may become rich. Help us this week as we read paragraphs 11-23 to enter into the mystery of Jesus’ poverty. Lord, I give you permission to speak to me as I reflect on your poverty. Amen.
Reflexión sobre la encíclica papal “Dilexi Te” del Papa León XIII
Uno de los misterios de nuestra fe sobre el que reflexiono continuamente en mis oraciones es la decisión de Dios de hacerse pobre y permanecer pobre. ¿Por qué? ¿Qué significa esto? ¿Qué significa esto para mí como cristiano? El papa León reflexiona sob re la pobreza de Jesús tanto al comienzo de su vida como a lo largo de su ministerio en el párrafo 20 de «Dilexi Te». Dice lo sigui ent e, «Hay algunos indicios a propósito de la condición social de Jesús. En primer lugar, Él realizaba el oficio de artesano o carpintero, téktōn ( Mc 6,3). Se trata de una categoría de personas que vivían de su trabajo manual. Además, al no poseer tierras, eran considerados inferiores respecto a los campesinos. Cuando el pequeño Jesús fue presentado en el Templo por José y María, sus proge nit ores ofrecieron una pareja de tórtolas o de pichones (cf. Lc 2,222,22-24), que según las prescripciones del libro del Levítico (cf. 12,8) era la ofrenda de los pobres. Un episodio evangélico significativo es el que relata cómo Jesús, junto con sus discípulos, arrancaban es pigas para comer mientras atravesaban los campos (cf. Mc 2,232,23-28), y esto —espigar los sembrados sembrados— sólo le era permitido a los pobres Él, en efecto, es un maestro itinerante, cuya pobreza y precariedad es signo de su vínculo con el Padre y es lo que se le pide ta mbi én a quien quiere seguirlo en el camino del discipulado, precisamente para que la renuncia a los bienes, a las riquezas y a las se gur idades de este mundo sean signo visible de la confianza en Dios y en su providencia. »
Esta semana te invito a leer «Dilexi Te» desde los párrafos 1 al 23, prestando especial atención a los párrafos 18 al 23. Los 23 párrafos tienen una extensión aproximada de 7 páginas. Lee un poco cada día en oración o siéntate durante 20 20-30 minutos para lee r y reflexionar sobre los 23 párrafos. La semana que viene profundizaré en lo que significa para nosotros, como fieles discípulos mi sioneros, esta pobreza de Jesús.
Terminemos con una oración. Gracias, Señor, por hacerte pobre para que nosotros pudiéramos hacernos ricos. Ayúdanos esta semana, mientras leemos los párrafos 1 1-23, a entrar en el misterio de la pobreza de Jesús. Señor, te doy permiso para que me hab les mientras reflexiono sobre tu pobreza. Amén.