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Taking Care of Business

When we were kids, my brothers and sisters and I thought that you were not supposed to say the blessing before meals in a restaurant. We were probably afraid of being embarrassed if non-believers saw us praying. I think of that when I hear St. Paul telling Timothy, “God did not give us a spirit of cowardice but rather of power and love and self-control” (2 Timothy 1:7). Our readings mention the difficulties that people of faith will encounter, and each reading has its own way of facing those hardships.

Jesus gives the practical advice: Look at the difficulties of being a disciple as just part of your job. So if the Lord says I must forgive those who hurt me, or be patient with customers, or share what I have with the poor—no problem; it’s part of the job of a disciple. Too tired to go to church after work on a holy day? Just taking care of business.

Paul reminds us in the second reading to stir the gifts of the Spirit into flame. If you take time to pray every day, if you look for God in other people, if you see difficulties as your share of the cross—you will begin to experience those gifts.


We can trust that this is more than just wishful thinking by going to the first reading. When the prophet cries out for help with the misery and violence in the world, he hears God’s promise that the vision (of hope for deliverance) will be fulfilled even if it seems to be delayed. We too hear that promise when we start to get discouraged, for God’s promise “will not disappoint” (Habakkuk 2:3). Tom Schmidt

Haciendo lo que hay que hacer

De niños, mis hermanos y yo pensábamos que no se debía bendecir la comida antes de comer en un restaurante. Probablemente temíamos pasar vergüenza si los no creyentes nos veían rezando. Pienso en eso cuando escucho a San Pablo decirle a Timoteo en la segunda lectura: “Porque el Señor no nos ha dado un espíritu de temor, sino de fortaleza, de amor y de moderación” (2 Timoteo 1,7). Nuestras lecturas mencionan las dificultades que encontrarán las personas de fe, y cada lectura tiene su propia manera de afrontarlas.

Jesús da un consejo práctico: Considera las dificultades de ser discípulo como parte de tu trabajo. Así que si el Señor dice que debo perdonar a quienes me ofenden, o ser paciente con los clientes, o compartir lo que tengo con los pobres, no hay problema; es parte del trabajo de un discípulo. ¿Estoy demasiado cansado para ir a la iglesia después del trabajo en un día festivo? No importa, voy de todos modos. Simplemente estoy haciendo lo que hay que hacer.

Pablo nos recuerda en la segunda lectura que debemos avivar los dones del Espíritu hasta que estén encendidos. Si dedicas tiempo a orar cada día, si buscas a Dios en los demás, si ves las dificultades como parte de la cruz, comenzarás a experimentar esos dones.

Podemos confiar en que esto es más que una simple ilusión al leer la primera lectura. Cuando el profeta clama por ayuda ante la miseria y la violencia del mundo, escucha la promesa de Dios de que la visión (de esperanza de liberación) se cumplirá aunque parezca demorarse. Nosotros también escuchamos esa promesa cuando empezamos a desanimarnos, porque la promesa de Dios “no defraudará” (Habacuc 2,3). Tom Schmidt