Join the Filipino-American community of Our Lady of Perpetual Help Catholic Church in Tampa, FL, for a heartfelt celebration of the Feast of San Lorenzo Ruiz de Manila on Sunday, September 21, 2025, during the 10:00 AM Mass. Thanks to the dedicated efforts of parishioners Jun and Gloria Biaquis, Jojie Vicedo, and Rev. Anthony Astrab, the new pastor of OLPH.
In the bustling district of Binondo, Manila, in 1594, Lorenzo Ruiz was born to a Chinese father and a Filipino mother. From his earliest years, faith shaped his life. He served at the altar, learned the art of calligraphy, and used his gift of writing to assist the parish priests. Later, he married a devout woman, raised three children, and lived quietly as a family man devoted to God.
Fate, however, took an unexpected turn. In 1636, Lorenzo was accused of a crime he did not commit. To escape arrest, he joined a group of Dominican missionaries bound for Japan which, at that time, was engulfed in fierce persecution against Christians.
Soon after landing, Lorenzo and his companions were captured, tortured, and commanded to abandon their faith. Yet Lorenzo’s heart remained unshaken. As death drew near on September 29, 1637, he declared with conviction:
“I am a Catholic and wholeheartedly accept death for God. If I had a thousand lives, I would offer them all to Him.”
He was executed by tsurushi (suspended upside down until death), a punishment meant to break both spirit and body. Still, he never wavered.
Centuries later, the Church recognized his sacrifice. Pope John Paul II beatified him in Manila in 1981, the first beatification ever held outside Rome, and on October 18, 1987, he was canonized in Rome as the first Filipino saint and martyr.
San Lorenzo Ruiz’s story is one of faith stronger than fear, reminding us that true courage is found in offering everything, family, comfort, even life itself, for the love of God. As we honor his remarkable life and sacrifice, let us come together as a community to celebrate our faith and draw inspiration from his enduring example.
Our Lady of Perpetual Help Catholic Church is located at 1711 E 11th Avenue, Tampa, FL 33605.
We hope to see you there!
Fiesta de San Lorenzo Ruíz de Manila 2025
Únase a la comunidad filipino-estadounidense de la Iglesia Católica de Nuestra Señora del Perpetuo Socorro en Tampa, Florida, para una emotiva celebración de la festividad de San Lorenzo Ruiz de Manila el domingo 21 de septiembre de 2025, durante la misa de las 10:00 a. m. Gracias a la dedicación de los feligreses Jun y Gloria Biaquis, Jojie Vicedo y el reverendo Anthony Astrab, nuevo párroco de OLPH.
En el bullicioso distrito de Binondo, Manila, en 1594, nació Lorenzo Ruiz, hijo de padre chino y madre filipina. Desde muy pequeño, la fe moldeó su vida: sirvió en el altar, aprendió el arte de la caligrafía y utilizó su don de escritura para ayudar a los párrocos. Más tarde, se casó con una mujer devota, crio a tres hijos y vivió tranquilamente como un hombre de familia dedicado a Dios.
Sin embargo, el destino dio un giro inesperado. En 1636, Lorenzo fue acusado de un delito que no cometió. Para escapar del arresto, se unió a un grupo de misioneros dominicos con destino a Japón, que en ese momento estaba envuelto en una feroz persecución contra los cristianos.
Poco después de desembarcar, Lorenzo y sus compañeros fueron capturados, torturados y se les ordenó abandonar su fe. Sin embargo, el corazón de Lorenzo permaneció inquebrantable. Al acercarse la muerte el 29 de septiembre de 1637, declaró con convicción:
“Soy católico y acepto de todo corazón la muerte por Dios. Si tuviera mil vidas, se las ofrecería todas”.
Fue ejecutado mediante tsurushi (colgado boca abajo hasta la muerte), un castigo destinado a quebrantar tanto el espíritu como el cuer-po. Aun así, nunca flaqueó.
Siglos después, la Iglesia reconoció su sacrificio. El papa Juan Pablo II lo beatificó en Manila en 1981, la primera beatificación celebrada fuera de Roma, y el 18 de octubre de 1987 fue canonizado en Roma como el primer santo y mártir filipino.
La historia de San Lorenzo Ruiz es una historia de fe más fuerte que el miedo, que nos recuerda que la verdadera valentía se encuentra en ofrecerlo todo, la familia, el consuelo, incluso la vida misma, por amor a Dios. Al honrar su extraordinaria vida y sacrificio, unámonos como comunidad para celebrar nuestra fe e inspirarnos en su ejemplo perdurable.